DIARIO DEL ESTADO JOSANISTA

Sociedad

Dasario inaugura su primer semáforo y marca un hito en la vida del histórico pueblo de montaña

Enclavado entre las laderas rocosas de Casandoria, el pequeño pueblo de Dasario, conocido por sus callejuelas empedradas y su población envejecida, celebró ayer un acontecimiento que sus habitantes calificaron como “histórico”: la instalación y puesta en funcionamiento del primer semáforo de su historia.

NIKOLUS POLOPULUS · 16 abril 2026, 08:06

Hay pueblos donde inauguran autopistas, aeropuertos o centros comerciales. Y después está Dasario, que esta semana vivió su propio salto a la modernidad: encendió por primera vez el único semáforo del pueblo.
Sí, uno. Un semáforo. Rojo, amarillo y verde. Tecnología de punta para un caserío colgado en la montaña, entre casas de piedra, escaleritas empinadas, persianas despintadas y señoras que todavía barren la vereda mirando quién pasó y quién no. La escena fue tan extraordinaria que varios vecinos salieron de sus casas solo para verlo cambiar de color. Algunos aplaudieron. Otros se quedaron con cara de sospecha, como si en cualquier momento el aparato fuera a empezar a cobrar impuestos o a hablar en nombre del gobierno regional.
“Yo pensé que era una cámara”, dijo una vecina de 74 años, sentada frente a la plaza con una bolsa de pan y expresión de absoluta desconfianza. “Después vi que cambiaba de color y me quedé más tranquila. O menos, no sé.”
El semáforo fue instalado en la esquina más complicada de Dasario, un cruce angosto donde se encuentran la calle de la iglesia, la subida al viejo molino y el pasaje que baja hacia las huertas. Tradicionalmente, el tránsito ahí se resolvía con una mezcla de reflejos, insultos breves, gestos con la mano y fe en los santos locales. Pero según explicó la pequeña administración comunal, en los últimos veranos hubo varios “episodios de confusión vehicular”, una forma muy elegante de decir que dos autos se encontraron de frente, ninguno quiso retroceder y estuvieron quince minutos discutiendo cuál de los dos tenía más derecho moral a pasar.
La intendenta de Dasario, Elena Vassari, defendió la medida con solemnidad institucional y paciencia pedagógica. “No se trata solamente de ordenar el tránsito, sino de acompañar el crecimiento de Dasario sin perder su identidad”, declaró, mientras detrás suyo tres jubilados debatían si el verde duraba poco “porque en la capital siempre hacen lo mismo con los pueblos”.
La inauguración tuvo clima de fiesta menor pero sincera. Hubo cintita, fotos, un pequeño brindis con licor casero y hasta un niño que, según testigos, pidió tocar el botón “para arrancar el coso”. No faltó tampoco el comentario inevitable del vecino práctico de toda comunidad pequeña: “Muy lindo el semáforo, pero ahora arreglen la fuente.”
En cuestión de horas, el aparato se convirtió en la principal atracción de Dasario. Ya hubo selfies, apuestas sobre cuánto va a durar sin que alguien lo choque y un principio de orgullo colectivo difícil de explicar. Porque en el fondo, aunque todos se burlen un poco, el semáforo cayó bien.

“Ahora somos una metrópolis”, ironizó el dueño del único bar del pueblo, mientras servía café y miraba por la ventana el destello rojo sobre la piedra antigua. “Nos falta nomás el subte y estamos.”

Entre el viento de montaña, las fachadas medio vencidas por el tiempo y el silencio de las tardes largas, la nueva estructura parece casi un objeto traído de otro mundo. Pero ahí está, firme, parpadeando modernidad en cuotas. Dasario sigue siendo el mismo pueblo tranquilo, remoto y orgullosamente anacrónico de siempre. Solo que ahora, además de campanas, gallinas y chusmerío de esquina, tiene semáforo.
Y por lo visto, con eso alcanzó para alterar el orden natural de las cosas.

Comentarios

  1. Alexios Estruskinsky
    abril 16, 2026 8:40 am

    Muy buen semaforo, por fin tenemo tecnologia de verdad en nuestro pueblo.

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